Si me río, existo

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¿Si me río existo? ¿Por qué me río? ¿Qué significado tiene la risa? ¿Cabe la risa en un momento histórico como el que vivimos? ¿De dónde surge la risa? La Real Academia Española nos dice que la risa es un sustantivo femenino que alude al “movimiento de la boca y otras partes del rostro que demuestra alegría”. ¿Todo el que ríe está alegre? ¿Sólo se ríe de alegría? Tú, apreciable lector, ¿de qué te ríes cuando ríes? ¿Cuál será el misterio, la magia y el poder que tiene la risa? 

Estas preguntas, y aun más, han ocupado el pensamiento de grandes escritores y filósofos a lo largo de la historia. Tal es el caso de Victor Hugo para quien “la risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”. Mientras que para Oscar Wilde, “la risa no es un mal comienzo para una amistad”. No obstante, en la filosofía se suele penetrar los terrenos más profundos y escarpados del hombre, y leemos a un Séneca para quien “todas las cosas merecen nuestra risa o nuestras lágrimas”, y todavía más punzante, Nietzsche considera que "El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa". ¿Es la risa entonces un invento del ser humano? 

 

Una de las características que nos distinguen de los animales, además de la razón y el espíritu, es la risa; se dice que el hombre es un ser risible, capaz de reírse o de causar risa; el hombre es animal racional, espiritual y risible. Pero, ¿la risa nos vendrá por naturaleza? ¿Quién habrá sido el primer hombre que rió? ¿Los animales ríen? ¿Los animales tienen emociones o instintos? 

 

Henri Bergson es un filósofo y escritor francés, ganador del Premio Nobel de la Literatura en 1927, quien dedicó parte de su vida en dilucidar y escribir sobre la risa como esa fuerza de expansión que merece tener un lugar especial en la investigación filosófica. Para él, “cuando reímos a la vista de un animal, es porque hemos sorprendido en él una actitud o una expresión humana. Un sombrero nos hace reír por la forma que los hombres le dieron, por el capricho humano en que se moldeó, y no porque el fieltro o la paja de que se compone susciten por sí mismos nuestra risa”. 

 

Pensemos, por ejemplo, en los memes que gobiernan ahora nuestra comunicación en las redes sociales. Cuántos perros, gatos, ranas, ratas, hemos convertido ya en íconos de risa. Somos expertos y ocurrentes para encontrar lo cómico en los seres que no son capaces de reírse como nosotros. No sólo hacemos hablar a los animales y a las cosas, sino que también los hacemos pensar, reír, llorar, enojarse, reclamar; en fin, tener toda suerte de sentimientos y actitudes humanas que hacen de ellos pequeños humanos que hablan por el humano. Los personificamos, y es maravilloso advertir que hacemos uso de las figuras literarias sin notarlo, porque el español como buena y feliz lengua romance es un idioma metafórico. Usamos a diestra y siniestra la prosopopeya. 

 

El hombre es capaz de hacer cómica su realidad, y más aún cuando esta es trágica, un gran recurso descubierto y creado por los escritores del teatro clásico de la antigua Grecia. La risa es espontánea pero su poder radica en lo contagiosa que puede llegar a ser. Ya lo dice Bergson, “la risa debe responder a ciertas exigencias de la vida común, y debe tener, pues, un significado social”.

 

Para reflexionar un poco, te propongo las siguentes interrogantes: ¿qué me hace reír? ¿Cómo se expresa mi cuerpo cuando río? ¿Reír me hace sentir vivo? ¿He contagiado a alguien cuando río? ¿La risa es acaso una herramienta humana para enfrentar mi realidad? ¿La risa es una necesidad personal o social? No cabe duda de que la risa tiene un poder inescrutable. Te invito, pues, amable lector, a que te entregues a sus brazos, a solas o con los demás, contar un chiste, compartir un meme, pueden ser un regalo invaluable en estos días de resguardo en que la tragedia parece tocar nuestras vidas, porque si me río existo, porque reír es existir. Carpe diem.

 

              

    

   

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