Crónicas de una ciudad ‘envirulada’

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Antes de meterse a la cocina, Magdalena cambió la blusa trasparente por una playera con el logotipo de los Sex Pistols, los compró en la última visita al Ceibo, antes de que lo cerraran por la cuarentena de coronavirus. Dejó los tacones para cubrir sus pies con calcetas y unos vans de color rojo, no se quitó la falda corta ni el discreto maquillaje de tono ocre cálido, sugerencia del mes de la revista Vogue. Preparó café, untó un poco de frijoles negros refritos a unas mitades de bolillo, vertió un huevo estrellado sobre cada uno y los llevó a una de las ocho mesas que Pedro había acomodado y  desempolvado.

– ¿Quieres tomar algo? –preguntó a Pedro sin mirarlo. 

– ¿Tienes té de flores? –dijo él.

–Si claro –Magdalena regresó a la cocina para salir después de unos minutos con una jarra de agua hirviente, dos tazas y dos platos, los dejó al centro de la mesa. 

– ¡Órale, molletes, que rico¡

–No seas burro, sólo son bolillos con frijol y huevo. Para molletes de verdad, los del pueblo de Jalupa, entre Tila y San Miguel, ahí los hacen deliciosos y de todos colores, puedes encontrar algunos exóticos, como los de nopal o tuna.

–¡Ah mira! Yo pensaba que todo bolillo que tenga una capa de frijol encima es mollete.

–Pues no, mi querido librero de a peso, si así fuera, tendrías que buscarte un nuevo nombre.

–¿Por qué Magdalena?

–¡Porque tú tienes cara de pambazo, parece que llevas frijoles embarrados en la cabezota y estás muy lejos de ser un mollete! –ella soltó una estruendosa carcajada.

–¡Cálmese mi Leidy-Molletes! –Pedro de tres mordidas terminó su pan y luego agregó – ¿Estás molesta?

–No estoy molesta ¡Estoy encabronada, ya tenía controlada la situación! Además llegaste antes ¿No te diste cuenta que el policía casi nos entrega la hoja que falta y tu sales con que solo quieres unas mendigas fotos? –Ella rellenó las tazas con más té caliente –¡Claro, claro, quieres ser el protagonista, como todos los hombres! ¿No pensaste en el esfuerzo que hice al vestirme así de ridícula? –empezó a sollozar.

Comieron el resto de los molletes en silencio. Ella, masticaba con la cabeza agachada sin despegar la mirada de su plato, en su interior, se reía de los gestos que Pedro ponía mientras vaciaba su taza.

Magdalena no puso sobre la mesa azúcar para el té y además, agregó media botella de chile habanero a los molletes de Pedro. La risa contenida hizo brotar pequeñas lágrimas que resbalaron por las mejillas pálidas de ella y él al verlas, se sintió avergonzado por hacer llorar a una mujer.

Comieron con mucho silencio entre ambos. Ella se puso de pie dirigiéndose hacia el mostrador para llevar los trastes sucios. Encargó por teléfono tortillas, verduras frescas y carne molida. Colocó su taza en la vaporera para llenarla con leche tibia light deslactosada y dio instrucciones a la cocinera acerca de lo crujiente que debería quedar el pescado empanizado, también ordenó agua de mango para ofrecer a la hora de la comida.

Mientras tanto, Pedro extraía un libro de su morral colgado en el respaldo de la silla, y extrajo el sobre con las fotos, dejó todo sobre la mesa.

Cuando Magdalena regresó, él abrió el libro en la página noventa y tres, la miro a los ojos y luego lanzo una pregunta al aire como quien dirige un programa de concursos.

– ¿Te parece familiar?

– ¿Familiar que, tu viejo libro?

– ¡No Magda, el dibujo!

– ¿Cuál de los dos?

–El de la portada.

– ¿Ese? Pues, parece una rueda con un garabato dibujado dentro y números alrededor ¡Es una tontería o de qué se trata?

–Para nada, te explico. El círculo simboliza el perfecto universo y protege a la estrella de David, la cual, nos habla de una connotación divina. La imagen del centro es el símbolo de la Flor de Liz, ambas cosas en conjunto lo utilizaban piratas o marineros para señalar en sus mapas el sitio donde escondían tesoros.

– ¿Y los números alrededor, afuera del círculo?

–No se conoce con exactitud el significado, no hay un patrón general. En algunos mapas suelen representar fechas, códigos, distancias a recorrer, nombres en clave y no sé cuántas cosas más.

–Me sorprendes ¿Y será la respuesta al coronavirus?

–No creo, pero si se, que no hay que salir de casa.

–ja,  ja,  ja pero somos fantasmas.

– Y, ¿qué?  Los fantasmas también se enferman.... diciendo esto, ambos desaparecieron.

 

              

    

   

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