—Covid—

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Alfonso Ramírez era un buen muchacho, no tenía pensamientos negativos, tampoco decía malas palabras, nunca bebió una gota de alcohol y en resumen, era una buena persona como todos los habitantes de Ixtacomitán. 

De mañana, hacia actividades propias de cualquier joven de dieciocho años, apesar de tener sólo un aspecto diferente a los demás: él había nacido con sindrome de Down. Sus padres lo defendieron todo el tiempo cuando alguien lo atacaba indicando que "eso", era un mal que se adquiere por los pecados de los antepasados y para otros vecinos extremistas, ser "down" era una forma de perder la condición de humano sensible, claro que, todo era falso porque Alfonso, o Poncho, se levantaba muy temprano para sentarse en la azotea y se quedaba mirando como salía el sol con una enorme sonrisa en los labios, lo mismo en las tardes, y cuando llovía, salía a brincar en los charcos enlodando con alegría sus huaraches, y que decir de las flores, era el primero en acomodar los ramilletes en los floreros cuando su padre traía algunas docenas a casa.

 

Desbordaba alegría con los gatos, perros y gallinas que convivían en su patio de tierra, él los bañaba a diario y estoy seguro que a todos les había puesto nombre o apodo, y estoy seguro que cuando escuchó "CoVid19", no pudo concebir que "algo no vivo" tuviera algo parecido a un nombre y Poncho tampoco podía creer que los amigos de sus padres hasta hablaban de ello con cariño "coví o covicito" coincidencia con el nombre del gato mayor de la manada.

 

Pero bien, el sólo repetía la teoría emitida en labios de sus padres de tantos relatos extraños que habían pasado en esa tierra ardiente, desde una persecusión, una matanza de sacerdotes, una tremenda inundación donde nadie salió ahogado, y el mismo vivir en una tierra productora de petróleo donde nunca, nunca vió que sus vecinos se beneficiaban de eso que por ley, les pertenecía, claro, nunca le quedaba claro el concepto de leyes. Y así fue que  en plena pandemia anunciada por "la ley", él salía a la calle sin cubrebocas, y teniendo agua apenas para lavar trastes, le parecía una locura bañarse más de una vez al día y una completa barbaridad no saludar a sus conocidos de mano, es más, Poncho siempre abrazaba a todos con ese júbilo que da ver a la gente querida caminando por las calles cuándo se absorbe la vida de los árboles y el sol por la coronilla, quizás por todo ello, después de caminar toda una tarde buscando unas medicinas para la tos seca, dejó descansar a sus padres y subió al techo para admirar la enorme luna llena que le llenó las pupilas, perdió el holo del tiempo y se quedó dormido escuchando los grillos y los rumores de la noche, y en su profundo sueño donde caminaba posando con sus pies descalzos miles de hojas de macuilis, no escuchó las voces ahogadas de sus padres pidiéndo auxilio, ellos sintieron un ahogo en sus pulmones, antes de un fuerte dolor en el pecho y al día siguente, el día amanecío despejado, dejando ver un cielo azul, tan azul como la piel de los padres de Ponchito, quién no comprendía lo sucedido y no quiso leer lo que el "acta de defunción".donde decía la causa, no porque no supiera leer, sino porque para él, eso del "CoVid", era una mentira...

              

    

   

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