—Tila—

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Desde niña y hasta el momento que entregó su alma al santo señor de Tila, siempre se vio inmiscuida en situaciones irónicas, por ejemplo nació un primero de mayo, día del trabajo, justo cuando su padre había sido despedido de la sucursal de Electra el día que finalmente, cerraron cuando el gerente había enfermado de un extraño virus.

Tampoco nació en el hospital, no hubo trabajo de parto, apenas unos calambres cómo cuando se está estriñido y esos 3kg 245gr de felicidad, salieron volando como un pez que escapa de la pecera, en el asiento trasero de un pochimóvil. No tuvo hermanos, una matriz poliquística lo impidió. Pero tuvo cuatro perros en el trascurso de diez años los cuales comían a su alrededor cuando ella se sentaba en la mesa, ellos y ella, siempre fueron flacos.

 

 

Cursó el kínder y la primaria con honores, no por calificaciones, sino por su madre que fue campeona en recaudar recursos para todos los festejos escolares, no hace falta mencionar que fue tres veces "reina de la primavera". La secundaria fue también normal, pero aprendió a ser ruda con las gandallas, a pesar de que sus padres la veían de cierta fragilidad. Tuvo un profesor de historia, que le hizo descubrir a Enrique Semo, a Marco Polo, Eduardo Galeano, y con esas voces libertarias retumbando en su cabeza, fue la primera del bachillerato en perder la virginidad, bueno, la perdió varias veces para asegurarse que "el valor del cuerpo" sólo se puede llevar en el corazón y en las ideas. Tuvo un novio, al que dio siempre el título de "mejor amigo", y el día que dejó de serlo, lo acompañó al aeropuerto, no tenía boleta de vuelta y ella pasó esa tarde llorando sola en su habitación, en realidad lo disfruto tanto, porque de un tirón había desbordado todas las lágrimas de tristeza o melancólica que los ojos de una mujer pueden fabricar en su vida, no, no quedaron secos sus lagrimales, pequeñas gotas cristalinas salían de ahí cuando en su boca explotaban una a una docenas de carcajadas. 

 

"Tenía cabeza" para los números y para la lectura, pudo ser médico, pudo haber sido ingeniero o astronauta, pero contra todo pronóstico, se gradúo de psicóloga y apenas hubo recibido la cédula profesional, dejó en piso toga y birrete, y se fue directo a meterse a un convento de "carmelitas". Nadie pudo hablar con ella en los siguientes cinco años que duró su voto de silencio. Y al sexto año, después de declarar que había sentido un llamado divino, fue congregada en Roma, para dirigir una nueva orden, para llevar el orden de las mujeres religiosas, leyó el plan de acción y se enamora de la encomienda. Se le acusó de conspiradora, de "feminazi con hábito", de poseída, pero logró que hubiera obispas,  mujeres precediendo misa, y la vida no le presto más vida para llegar a ver a la primera mujer dirigiendo el Vaticano, a la del banco sí, pero no más... y murió rezando en la capilla que mando a construir al señor de Tila, a tres calles de la basílica de San Pedro, y no fue canonizada de inmediato porque el exceso de amor, en algunos planetas, es considerado un grave pecado...

 

              

    

   

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